sábado, 10 de septiembre de 2016

¿Por qué viajamos?

En Angkor Wat (Cambodia)

Siempre que viajo me hago esta pregunta. No me refiero a esa quincena en la costa brava, ni a ese fin de semana largo en Polonia fruto de un vuelo barato de Ryanair. Me refiero a la gente que viaja “de verdad”, durante meses o años.
Gente que un día decidió dejarlo todo e irse a ver mundo. Jóvenes que prefirieron la aventura de viajar en vez de la universidad. Cada vez que he conocido a una de estas personas he sentido envidia y admiración. Y mi mente, cual mosca cojonera, no ha parado de preguntarme ¿qué has hecho tú en todos estos años?¿Y si te hubieras tomado un año para viajar antes de la universidad?
Por eso, pensando que “más vale tarde que nunca” decidí hacer un viaje sin fecha de vuelta al terminar la residencia. Quería saber qué me estaba perdiendo ahí fuera.

Han sido dos meses recorriendo Tailandia, Laos, Vietnam y Camboya. He conocido otras culturas que me eran casi completamente ajenas, y entre campos de arroz, tuk-tuks y playas he tenido bastante tiempo para pensar. La pregunta que da título a esta entrada me ha acompañado durante todo el camino.

Viajando en tren
Me da la impresión de que todo el que viaja busca algo. Quizás un lugar al que pertenecer huyendo de la cultura que nos es impuesta por nacimiento. O una pareja con quien congeniar. Tal vez una ocupación que le de sentido a nuestra vida. Y en muchas ocasiones uno ni sabe lo que busca. Pero lo cierto es que, cuando lo encuentra, se queda. Toca echar raíces.

En estos meses me he dado cuenta de que quizás estaba buscando respuestas en el lugar equivocado. Durante el viaje conocí a mucha gente con quienes pasé momentos inolvidables. Pero se trata de una amistad contenida en una pompa de jabón; frágil y volátil. Eché de menos a mis amigos de verdad, con los que las cientos de experiencias vividas forman una sólida relación casi imposible de romper. Eché de menos a mi familia, cuyo vínculo es especialmente fuerte tras los durísimos momentos vividos en el último año. No necesitaba buscar a mi compañero de viaje ideal, pues estaba todo el tiempo a mi lado. Y por último eché de menos mi profesión, que tantos años me ha costado alcanzar, y que ahora sé que no los cambiaría por ningún viaje alrededor del mundo, porque me apasiona. Y así es como descubrí que me había ido muy lejos, al otro lado del planeta, para buscar respuestas que llevaban mucho tiempo esperándome en España.

Pero esta es sólo mi historia. Y tú, ¿por qué viajas?

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